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Antes
de tomar el cigarro lávese las manos con un jabón no
perfumado.
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Quite
la anilla con la marca y estampilla fiscal, con cuidado para no romper
la capa. Si se dejan estos elementos, al calentarse el cigarro, sus
tintas y adhesivos contaminarán el sabor del tabaco.
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Corte
la cabeza con un aparato adecuado. De no disponer del mismo, emplee
sus uñas para levantar una sección de capa de la misma.
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La
abertura que se realice, debe ser proporcional al diámetro
del cigarro.
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No
es indicado hacer una perforación en vez de un corte. Se formará
un canal que transformará al puro en una chimenea descompensada
que producirá humos desagradables.
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La
primera mitad del cigarro puede calentarse suavemente, antes de su
encendido; eso ayudará a mejorar la circulación del
humo.
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Encienda
su cigarro con un fósforo de madera. Emite la llama adecuada
y no transmite sabores extraños.
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La
superficie del encendido debe ser pareja. Es muy posible que se gasten
dos o tres fósforos hasta lograr ese objetivo.
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El
cigarro debe llevarse a la boca solo para extraerle el humo. Evite
morderlo.
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Se
debe aspirar con suavidad. Si se lo apura demasiado, el puro se recalienta
y pierde el gusto.
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Jamás
se debe tragar el humo; basta con que permanezca en la boca para disfrutar
su sabor.
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No
deje apagar el cigarro. Si eso ocurriera hay que volver a encenderlo
de inmediato, cuidando que la llama no tome contacto con la punta,
es decir, sólo calentando el extremo.
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A
la ceniza hay que dejarla tranquila. Su permanencia ayuda a demorar
la combustión.
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Debe
fumarse las dos terceras partes del cigarro; si usted es codicioso
puede hacerlo hasta las tres cuartas partes, pero más allá,
inevitablemente obtendrá un sabor acre que le hará perder
el goce obtenido.
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Hay
que dejarse envolver por el humo. No tema que su ropa se impregne
del aroma de los puros. Las damas gustarán de ese perfume y
los demás hombres lo envidiarán.
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Por
último un viejo proverbio árabe: NO FUME EN LA CAMA.
RECUERDE QUE LAS CENIZAS QUE CAIGAN AL SUELO PUEDEN SER LAS SUYAS.