LOS VOLUNTARIOS ESPAÑOLES EN LAS MARQUILLAS TABACALERAS DEL SIGLO XIX.

Don Juan Rodríguez, mi abuelo, comenzó su origen tabacalero en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla en el siglo XIX. Ahí había aprendido a torcer los cigarros con la manufactura ideada en ese lugar, es decir, unir el capote con la tripa y la capa. En Cuba, tenían la forma original descubierta en el cacicazgo de Mariabón en la costa oriental de la isla, o sea, hojas enrolladas toscamente y liadas con hilos vegetales. Recién al inicio del siglo XVIII el puro adquirió su empaque definitivo (“El Habano al Rojo Vivo” de Orlando Quiroga, pág. 19, Cuba).

La liberalización comercial de la época (1895), originó en miles de torcedores españoles, una corriente de simpatía hacia Cuba, lo que originó un éxodo masivo a la isla. Entre ellos, mi abuelo, iniciador de la dinastía tabacalera en Argentina.

 El grupo andaluz, castellano y canario fueron los primeros en llegar para participar en el desarrollo socio-económico de la isla. De hecho, tres catalanes fueron Presidentes de Cuba: José Antonio Barnet, Ramón Grau Sanmartín y Carlos Prío Socarrás. En La Habana, mi abuelo comenzó a torcer cigarros en la fábrica de José Gener de gran prestigio internacional a través de su marca “Hoyo de Monterrey”.

Cuando José Martí ordena iniciar el levantamiento revolucionario para obtener la independencia, Don Juan Rodríguez, se enrola en el Regimiento de “Los Rayaditos” (ver foto). Los botones de su uniforme llevan la insignia que adornan los picaportes del actual Museo de la Revolución, ex Palacio de Gobierno.

Finalmente, Cuba homenajea a los “Voluntarios Españoles de Cuba” con bellísimas marquillas litográficas una de las cuales coincide con el uniforme de Don Juan y que a continuación se exhibe.

FOTO: DEL LIBRO “CUBA EN LAS MARQUILLAS CIGARRERAS DEL SIGLO XIX” DE ANTONIO NÚÑEZ JIMÉNEZ (Pàgina 72)


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