Cigarros "Manrique" y el campeón mundial de box Oscar "Ringo" Bonavena.

“Ringo” no era fumador de habanos. Al igual que otro mito argentino del boxeo, José María Gatica, solo los pitaba cuando deseaba mostrar o creía parecer; que cuando se llega a la cima desde la pobreza extrema, el puro puede ser una manifestación de riqueza o exhibicionismo pedante para quienes lo rodean.

Todos sabemos que no es así. Solo hay dos alternativas: se fuma por vicio o por placer. Esa es la diferencia con el cigarrillo. Sin embargo, Bonavena no era así. Lo fumaba para divertirse y divertir. Como también lo lograba con la palabra llana, campechana, plagada de filosofía callejera, aquella que no se aprende en las universidades. Famosas fueron, son y serán aquellas frases como “la experiencia es un peine que te entrega la vida cuando te quedaste pelado” o “antes de una pelea todos te dan instrucciones, pero cuando suena la campana y te retiran el banquito te quedas solo con las piñas que te dan”.

Fue un boxeador de gran corpulencia, de fuerte pegada, pero “desestimado” por los entendidos de la profesión por su pié plano. Lo que suplantaba con su coraje y arrojo demostrado en sus 68 peleas con 58 triunfos, 9 derrotas y 1 empate. Fue campeón amateur y nacional de su categoría. Por muy poco no pudo ser campeón mundial, nada más y nada menos que ante una antología del box: Cassius Clay o Muhammad Alí a quién se enfrentó en el mítico Madison Square Garden de Nueva York un 9 de Diciembre de 1970. Perdió en el último round luego de haber caído en 3 oportunidades no sin antes haberlo hecho tambalear de un terrible manotazo que lo dejó sentido y la campana salvó. Se le decretó un KO automático.

¿Habrá recordado ahí que había sido repartidor de pizza, empleado de carnicería o picapedrero?. Se recuerda aún cuando el Presidente de la Nación, el General Alejandro Agustín Lanusse, lo llamó para felicitarlo, y Bonavena, en una salida carismática le dijo: “General, con la pinta suya y la guita mía matamos” (en lunfardo “pinta” significa elegancia; “guita” significa dinero y “matamos” algo así como seremos la atracción de todos).

La anécdota que nos refiere a los cigarros que supo adquirir en “MANRIQUE”, se vincula a un “boliche” de la noche en la ciudad balnearia de Mar del Plata que se llamaba “Las Vegas” y donde ocasionalmente atendía detrás de la barra. Estaba en un sótano de la Av. Cólon, piadoso reducto de noctámbulos plagado de señores víctimas de mujeres rápidas y caballos lentos.

Ahí, “Ringo” daba rienda suelta a sus alegrías, emociones y relatos mientras el puro que sostenía elegantemente en su boca dibujaba con su humo parábolas extrañas que se mezclaban con los perfumes etéreos de la concurrencia encandilada con Bonavena.

El destino quiso, como siempre entrincado, que un 22 de Mayo de 1976 encontrara una bala en su camino, en Nevada, Estados Unidos, casualmente, cerca de Las Vegas.


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