Armando Bo, un recio actor y director amigo de “MANRIQUE”.

En 1958, la calle Catamarca - sede de nuestra Manufactura de Tabacos - tenía mano hacia el Sur. Alsina, la otra intersección, lo era hacia el oeste. Por el medio transitaba el viejo, republicano y popular tranvía que se caracterizaba por su gran ruido y campana pero que no era contaminante como el hoy temido negro de humo que expelen los colectivos por su enorme acción polucionista.

Justo enfrente del taller de cigarros, había una antigua cantina llamada “A Marina e Sorrento”, reservorio de noctámbulos que amanecían en sus mesas generosamente cargadas de “picadas” donde abundaban los bien servidos platos “al uso nostro” como así también los vinos Chianti Borgoña, espumantes y de los otros, envueltos con sus vistosas ornamentas de paja originales de la península itálica.

Hoy ya no existe. La modernidad, que nunca supo de hacinamientos ni vecindades de familia, la reemplazó por una impersonal mole de más de 20 pisos.

Reducto de artistas de renombre que finalizaban sus puestas en escena teatrales y en cuyas mesas nacieron verdaderos proyectos de la escenografía clásica argentina, los encontraban amaneciendo y desayunando en la famosa “trattoría”. Armando Bó, era uno de ellos.

Cuando abríamos a las 7 de la mañana, ya aguardaba ansioso para iniciar el día o finalizar la madrugada y degustar un habano de nuestra casa. Armando era conversador y dicharachero. Lo hacía desde su recia estampa varonil y estatura. Le encantaba el aroma de los tabacos cuando “Manrique” se ponía en marcha y las torcedoras, siempre bullangueras, iniciaban la febril jornada. Casi siempre lo hacía sentado en alguna de nuestras sillas.

Era difícil imaginar que ese hombre de finos ademanes y estilizado fumar hubiera sido el director de 29 películas, que había sido guionista de 26 filmes y trabajado en 62 obras filmográficas. Discutido por su vida ligada a un cine atrevido sin chabacanerías donde no le quedó un rubro sin ocupar, se lo llegó a comparar con el director sueco Igmar Bergman. Pero claro, él filmaba en la Argentina y en épocas de censura, la mayoría de las veces sin apoyo económico.

Su ícono y musa inspiradora era la bellísima y talentosa actriz Isabel Sarli, la Coca, despampanante mujer que supo cautivar a millones de argentinos y extranjeros por sus desnudos atrevidos. Eligió nuestros cigarros para que ella nos hipnotizara desde la pantalla en la película “La Mujer de mi Padre” estrenada el 25 de Abril de 1968.

Bó se fue de éste mundo un 8 de Octubre de 1981. En la foto que acompaña el recuerdo de un amigo de ésta casa, lo vemos acompañado del también actor argentino Fernando Lamas, padre de Lorenzo Lamas, que emigró a los Estados Unidos y fue esposo de Esther Williams y Arlene Dahl. En su mano sostiene nuestro cigarro, su cigarro, que supo consumir con deleite. Paradójicamente, muere en la misma fecha que Fernando Lamas.

 


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